La princesa Amaryllis se siente devorada por el hastío, pues sus días son una sucesión de actos oficiales de protocolo, y, a pesar de pertenecer a la familia real, no se siente parte de ella, ya que no recibe afecto por parte de sus familiares sino la más fría indiferencia. Aaron Lencastre , un guardia real, es el único capaz de ahuyentar la melancolía que la consume… pero pronto Amaryllis descubrirá que debe alejarse de él, pues no es dueña de su propio destino y los juegos de la corte la van a convertir en la flor de otro jardín.