Dodo ha perdido todos sus dientes. Sus amigos sí tienen dientes, algunos enormes y filudos que sirven para comer piedras, gusanos o asustar la gente. Uno de ellos le ofrece prestarle los suyos. Pero no será necesario, porque todos llegamos a una edad en que se nos caen los dientes y luego nos salen unos mucho mejores.
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