Se dice que hay vivos, muertos y aquellos que surcan los mares. Yo añadiría una cuarta categoria: los que, al surcar los mares, aprenden a vivir. Este no es un diario de bitácora tradicional; no encontraras aqui un registro exhaustivo de coordenadas ni de velocidades, sino un mapa del alma, trazado con la sal del oceano y la tinta de la memoria. La soledad dejo de ser una ausencia para convertirse en una presencia constante, un espejo ineludible. Escribi estas páginas, no para dar lecciones, sino para compartir las verdades desnudas que el horizonte me ha susurrado. Desde la lealtad de un barco que aguanta la tormenta, hasta el duelo por la vida que quedó atras, estas son las reflexiones de un hombre y navegante solitario que eligió perderse para encontrarse. El océano es un maestro severo, pero justo.