En el prólogo de estos Doce cuentos peregrinos, García Márquez nos regala su explicación de por qué doce, por qué cuentos y por qué peregrinos. En Barcelona, una prostituta que va entrando en la vejez entrena a su perro para llorar ante la tumba que ha escogido para sí misma. En Viena, una mujer se vale de su don de ver el futuro para convertirse en la adivina de una familia rica.
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