Durante una recepción, el artista basil hallward queda fascinado por el joven dorian gray: a sus labios color escarlata, sus ojos azules cómo el cielo y unos rizos dorados, se suma una franqueza y sencillez tremendamente atractivas. Basil le propone que pose para el y dorian comienza a frecuentar el estudio del pintor. Pero cuando finalmente este acaba el retrato del modelo, la visión de su propia hermosura lo golpea cómo una revelación: sus rasgos son maravillosos pero solo permanecerán así, inalterados, sobre el lienzo. ¿Por que no podría ser el cuadro quién envejeciera y que en cambio el se mantuviera joven para siempre? Dorian daria cualquier cosa por hacerlo posible. Incluso su alma.