Mientras en la superfi cie técnicos europeos construyen el Parque de Lota cuyos «[p]alacios, kioscos —según lograda descripción del profesor Luis Bocaz—, grutas, estatuas, miradores, macizos de fl ores entre caminillos serpenteantes, especies exóticas» harían que los prodigiosos cisnes de la poesía modernista tocaran el cielo con las manos, metros más abajo se extrae el carbón que sustenta esas obras en condiciones de trabajo que cobran vidas humanas. Arriba modernas lámparas de gas. Abajo lámparas que al infl amarse con el gas grisú alertan de una posible explosión. Arriba la Belleza, la de Darío y la de la sociedad de que se ocupa Luis Orrego Luco. Abajo la belleza, la baudelairana «belleza de la fealdad», una belleza aún sin expresión que es la materia de la obra literaria de Baldomero Lillo y de Carlos Pezoa Véliz.